Respuesta Rápida
Mateo 6:9-13 es el Padre Nuestro, la oración modelo que Jesús enseñó a sus discípulos en el Sermón del Monte. En pocas líneas ordena las prioridades de la oración: primero la gloria de Dios —su nombre, su reino, su voluntad— y después nuestras necesidades: el pan de cada día, el perdón y la protección del mal. Más que una fórmula para repetir, es un mapa para aprender a orar.
El Versículo Completo
Mateo 6:9-13 (NVI): "Ustedes deben orar así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno."
Algunos manuscritos añaden al final la doxología: "porque tuyos son el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén", que muchas iglesias conservan en su liturgia.
Contexto Histórico
El Padre Nuestro aparece en el corazón del Sermón del Monte (Mateo 5-7), la gran enseñanza de Jesús sobre la vida en el reino de Dios, pronunciada en Galilea alrededor del año 30 d.C. En Mateo 6, Jesús contrasta la piedad auténtica con la religiosidad de exhibición: critica a quienes oran en las esquinas para ser vistos y a los paganos que acumulan palabras creyendo que por hablar mucho serán escuchados (Mateo 6:5-8).
Frente a esos dos extremos —la oración como espectáculo y la oración como fórmula mágica— Jesús ofrece un modelo breve, directo y profundo. Para sus oyentes judíos, acostumbrados a oraciones litúrgicas solemnes, la novedad más radical era la primera palabra: dirigirse a Dios como "Padre", con la cercanía de un hijo. Lucas registra una versión más breve de la misma enseñanza (Lucas 11:2-4), dada cuando los discípulos le pidieron: "Señor, enséñanos a orar".
¿Qué significa Mateo 6:9-13?
La oración tiene una estructura clara: una invocación y seis peticiones. Las tres primeras miran a Dios; las tres últimas, a nuestras necesidades. Ese orden ya es una enseñanza.
"Padre nuestro que estás en el cielo"
La invocación une dos verdades que se equilibran: intimidad y majestad. "Padre" (en arameo, "Abba") habla de una relación cercana y confiada; "que estás en el cielo" recuerda que ese Padre es el Dios soberano del universo. Además, Jesús dice "nuestro", no "mío": nadie ora el Padre Nuestro solo, porque esta oración nos coloca dentro de una familia de hermanos.
"Santificado sea tu nombre"
La primera petición no pide nada para nosotros: pide que el nombre de Dios —es decir, su persona y su reputación— sea tratado como santo. El verbo griego "hagiazō" significa apartar, honrar como único. Pedimos que Dios sea reverenciado en el mundo, y también que nuestra propia vida no deshonre el nombre que llevamos.
"Venga tu reino"
Es la petición de que el gobierno de Dios avance: en los corazones que aún no lo conocen, en las estructuras injustas de este mundo y, finalmente, en la venida plena de su reino al final de la historia. Quien ora así renuncia a ser el rey de su propia vida y se pone al servicio de un proyecto más grande.
"Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo"
En el cielo la voluntad de Dios se cumple con gozo inmediato; en la tierra, encuentra resistencia. Esta petición pide que ambas realidades se alineen, empezando por nosotros. Jesús mismo la oró en su momento más oscuro: "no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú" (Mateo 26:39). Orarla es entregar nuestros planes a los de Dios.
"Danos hoy nuestro pan cotidiano"
Aquí la oración gira hacia nuestras necesidades, empezando por la más básica. La palabra griega "epiousios" (cotidiano) evoca el maná que Israel recogía cada mañana: provisión suficiente para hoy, no reservas para años. La petición nos enseña dependencia diaria y nos recuerda que hasta el alimento más simple viene de la mano del Padre.
"Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores"
El pecado aparece descrito como una deuda impagable que necesitamos que Dios cancele. Pero la petición tiene una condición incómoda: pedimos ser perdonados en la misma medida en que perdonamos. Jesús la subraya justo después (Mateo 6:14-15). El perdón recibido y el perdón ofrecido son inseparables; un corazón que guarda rencor se cierra a la gracia que pide.
"Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno"
La oración termina reconociendo nuestra fragilidad. "Peirasmos" puede traducirse como tentación o prueba: pedimos no ser llevados a situaciones que superen nuestras fuerzas, y ser librados del maligno, el enemigo real que busca nuestra caída. Es la petición del que se sabe débil y confía en un Dios fuerte.
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Enseñanza de Mateo 6:9-13
El Padre Nuestro enseña, ante todo, un orden del corazón: Dios primero, nosotros después. Cuando la oración empieza por su nombre, su reino y su voluntad, nuestras necesidades encuentran su justa medida. También enseña equilibrio: hay lugar para lo material (el pan), lo relacional (el perdón) y lo espiritual (la protección). Y enseña comunidad: todos sus pronombres son plurales. Nadie ora "dame mi pan", sino "danos nuestro pan", incluyendo en la petición a los hermanos que también lo necesitan.
¿Cómo aplicar Mateo 6:9-13 en tu vida?
Una forma práctica es usarlo como esqueleto de tu oración diaria: dedica un momento a adorar a Dios como Padre, otro a someterle tus planes, otro a presentarle tus necesidades concretas, otro a perdonar y pedir perdón, y otro a pedir protección para el día. Cinco minutos con esta estructura valen más que muchas palabras dispersas.
También puedes orarlo frase por frase, deteniéndote en cada petición y poniéndole nombres propios: ¿qué significa hoy "venga tu reino" en tu familia o tu trabajo? ¿A quién necesitas perdonar antes de pedir perdón? Un espacio de reflexión diaria, como el que ofrece Sacred, puede ayudarte a meditar cada petición con calma y convertir esta oración en un hábito que transforme tu manera de hablar con Dios.
Versículos relacionados
Lucas 11:9 (NVI): "Así que yo les digo: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá." — Justo después de enseñar esta oración, Jesús anima a orar con perseverancia.
Salmo 23 (NVI): "El Señor es mi pastor, nada me falta." — La confianza en la provisión diaria del Padre, el mismo espíritu del "pan cotidiano".
Filipenses 4:6 (NVI): "No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias." — La oración como antídoto de la ansiedad.
Romanos 8:28 (NVI): "Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman." — Orar "hágase tu voluntad" es confiable porque su voluntad es buena.
1 Juan 5:14 (NVI): "Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye." — La seguridad de que el Padre escucha.
El Padre Nuestro es la escuela de oración de Jesús: cabe en un minuto y alcanza para toda una vida. Si quieres seguir explorando el significado de otros pasajes, visita nuestra sección de significado de versículos.
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Preguntas frecuentes
Es la oración modelo que Jesús enseñó a sus discípulos. Aparece en Mateo 6:9-13, dentro del Sermón del Monte, y en una versión más breve en Lucas 11:2-4.
Jesús lo presentó como un modelo: 'ustedes deben orar así'. Puede recitarse con reverencia, pero su propósito principal es enseñarnos las prioridades de la oración.
Tradicionalmente se cuentan seis peticiones: tres centradas en Dios (su nombre, su reino, su voluntad) y tres en nuestras necesidades (pan, perdón y protección).









